Querid@s amig@s,
Cada vez escucho a más personas que me dicen que quieren cambiar de trabajo, no porque les vaya necesariamente mal con el que tienen, sino porque sienten insatisfacción con el mismo, no sienten la motivación ni creen aprender nada nuevo. Otras tantas personas me hablan de que quieren realmente sentirse felices en sus vidas y tener más tiempo para hacer lo que les gusta o para compartirlo con sus seres queridos. No sienten que su trabajo contribuya a estos objetivos personales, y sienten igualmente insatisfacción o entran en conflicto por esta razón.
Lo realmente interesante de este asunto de la felicidad es que pasamos un tercio de nuestra vida trabajando, la mayoría de nosotros, entiendo. Y no ser felices o sentirse realizados con el trabajo es lo mismo que decir que desperdiciamos un precioso tiempo de nuestra vida, de nuestra historia… Toca hablar de la Inteligencia Emocional y qué tiene que ver esto con el trabajo.
En 1993, Mayer (Uvda. Hampshire) y Salovey (Uvdad. Yale) acuñan el término de Inteligencia Emocional, aunque éste se popularizó con el libro del mismo título escrito por Daniel Goleman en 1995, que con un estilo divulgativo y ameno consiguió despertar el interés del público.
El concepto en sí mismo alude al “uso inteligente de las emociones”, es decir, a un uso intencional de unos recursos inherentes a cada persona para contribuir a su crecimiento y a su éxito. En otras palabras, para que las emociones trabajen a favor de la persona y no en su contra.
Cuando hablamos de la Inteligencia Emocional de las personas, indiscultiblemente estamos aludiendo a su potencial de éxito en todos los sentidos: privado, social, profesional, etc…
Pero, ¿qué tiene de particular hablar de Inteligencia Emocional en el Trabajo? Pues ni más ni menos, que el entorno del trabajo, su clima, exige una autorregulación de la expresión emocional más meditada o entrenada o trabajada,… no importa cómo la llamemos… La cuestión es que, en el mundo del trabajo, los protocolos y las relaciones de poder, sean formales o informales, más las variables que afectan al rendimiento del trabajo y los resultados, están regidos por leyes específicas. Y, estas leyes a veces están escritas y otras veces no, pero. de cualquier modo, siguen rigiendo en ese entorno. Lo cierto es que la expresión espontánea a destiempo, en intensidad inadecuada, y ante determinados testigos de determinadas emociones, puede ser aprovechada en el entorno de trabajo de forma desfavorable para la persona. Y, al contrario, de lo que suele pensarse, la falta de expresión emocional también es un camino que difícilmente conduce a un lugar que convenga a nadie, un camino donde la falta de empatía, la frialdad, y la falta de sintonía con otros, puede llevar, incluso, a desarrollar estrategias manipuladoras insanas para conseguir de los otros un beneficio.
Las personas que tienen más desarrolladas sus habilidades o competencias de la Inteligencia Emocional suelen ser vistas como personas de éxito. Parecen satisfechas con su vida profesional y en equilibrio con su vida personal. Este equilibrio domina, además, su estilo de comunicación, caracterizada por una respetuosa actitud de escucha atenta. Y, con frecuencia, estas características les confieren un liderazgo natural y espontáneo en los entornos en los que se mueven. Suelen ser solicitados por otras personas y/o grupos para que ejerzan el liderazgo en los objetivos que se proponen. Y esto se les repite en diferentes entornos y no suele ser intencionalmente buscado por estas personas.
Actualmente, la Inteligencia Emocional puede ser desarrollada a través del entrenamiento en sus competencias. Y el resultado de este entrenamiento tiene que ver con resolver mejor los conflictos con uno mismo y con otros, con mejorar las habilidades comunicativas y de expresión, con ser capaces de decidir con responsabilidad y también con lograr metas y objetivos de desarrollo, tanto en lo personal como en lo profesional… Tiene que ver con sentirse feliz, motivado y realizado a través del trabajo…
Y, como viene al caso, menciono las palabras de Lewis Richmond “Hagas el trabajo que hagas, TÚ eres el jefe de tu vida interna”…

Si vives en Palma de Mallorca, o alrededores, te sientes motivado o inquieto por los que acabas de leer, te invito a participar en el Grupo de Crecimiento Personal para el Desarrollo de la Inteligencia Emocional en el Trabajo, cuya información te paso a continuación. Si, en todo caso, crees que esto puede interesar particularmente a algún conocido tuyo, déjale saber que tiene esta posibilidad. Puede que sea lo mejor que puedas hacer por él / ella. En todo caso, si has leido estas reflexiones y esto te ha llevado a mover alguna pieza en tu vida, ¡¡¡Felicidades!!!! Te deseo un camino de aprendizajes y éxitos que te lleven a conseguir lo que te propongas, con fines legítimos, en tu vida.
ARACELI DÉNIZ

ARACELI DÉNIZ,
Buenas tardes, te escribo porque acabo de leer tu escrito acerca de la Inteligencia Emocional.
Me ha gustado mucho, comparto tu visión, especialmente acerca de la Inteligencia Emocional en el trabajo. Personalmente creo que hoy, más que ayer, no tiene mucho sentido hablar de división del mundo laboral con el mundo particular, como se una persona pudiera ponerse realmente máscaras para cada lugar, que visión Pirandelliana (¿no se si has oído hablar del escritor Italiano Pirandello?). Con los cambios que han modificado el mundo laboral en los últimos años, creo que potemos decir que somos lo que sabemos, actuamos en base a nuestro conocimiento, la flexibilización nos impone adaptarnos a las diferentes situaciones que se presentan, encada momento de nuestra vida. Es la inteligencia emocional que nos permite adaptarnos a estos cambios, cambios que afectan la nuestra esfera privada y laboral, donde la diferencia de uno con el otro es cada ves más sutil que diferenciarlo me parece cada vez más complicado.
Actualmente vivo a Barcelona, pero con el plan de mutarme a vivir en Mallorca, por esto me gustaría seguir en contacto.
Muchas gracias
Roberto Vanni
Hola, Roberto. Gracias por tu comentario, creo que, en muy breves líneas, has expresado muy bien cómo contribuye el cultivo de la Inteligencia Emocional a los objetivos de crecimiento personal y profesional, en definitiva, como contribuye a tener una vida feliz, sana e integrada… Se me ocurre que esa diferencia entre lo laboral y lo profesional se reduce muchísimo cuando tomamos una delicada decisión: convertir en nuestro objetivo profesional aquello que nos apasiona en nuestra vida personal…
Ganarnos la vida haciendo aquello que realmente nos apasiona. Claro, que llegar a estar preparados para esta decisión, requiere mucho rodaje y fortaleza personal, dependiendo del bagaje y experiencia vital de cada uno.
Roberto, mantengamos el contacto. Puedes tener más datos de contacto accediendo a mi perfil, en la columna lateral izquierda de esta pantalla.
Gracias y saludos.
Araceli D.
Estimada Araceli:
coincido totalmente con tu enfoque. Me estoy preguntando cómo incorporar competencias emocionales a mi vida profesional de forma que pueda reaccionar de forma emocionalmente inteligente a lo que a veces considero como una especie de agresiones verbales. por ejemplo cuando mi jefe me acusa de algo que no soy responsable y por miedo o por rabia permanezco callado. No sirve como dices no expresar tu emociones pero tampoco sirve hablar llenos de ira o despecho.
por cierto no vivo en Palma, qué se le va a hacer
Hola, Santiago. Alabo tu inquietud por incorporar competencias emocionales a tu vida profesional, siendo, además, que estas competencias en realidad se incorporan a todos los ámbitos de tu vida, aunque practiques unas más en tu vida laboral o que cambie la intensidad según el ámbito en el que las tengas que poner en juego. Respecto a estas agresiones verbales y acusaciones que sufres en ocasiones por parte de tu jefe, hay dos cosas que debes tener en cuenta para poder abordar tu situación: la primera es “ver y darte cuenta” de qué te pasa a ti con esta situación, cómo la digieres, cómo la resuelves internamente o la acumulas, en definitiva, cómo la “colocas” dentro de ti, si te deja frustrado, resentido, enfadado, rabioso, triste, desconcertado, etc… A partir de esa toma de conciencia podrás gestionar con más acierto esa energía emocional. Basta con que tomes conciencia de tu proceso interno para que ya se produzca algún cambio interesante en ti y para ti. En segundo lugar, una vez que este punto anterior lo tengas más presente, podrás abordar el siguiente paso, “qué puedo hacer ahora respecto a la relación con mi jefe, con éste en concreto” (verás que, extensivamente, a largo plazo afecta a la relación con otras personas, ahora y en el futuro, que puedan ejercer esa clase de poder o autoridad sobre ti). No te daría fórmulas ni recetas, porque mi enfoque se dirige sólo y específicamente a la situación concreta de la persona afectada, a su modo de gestionar las situaciones conflictivas y las emociones surgidas y estrictamente a la exploración de estrategias resolutivas que puedan ser compatibles con el estilo emocional de la persona en el presente y en un proceso paulatino de desarrollo con sus objetivos secuenciados para que la persona pueda ir incorporando los cambios en sí misma y en su vida. En cualquier caso, ciertamente hay que “hacer algo distinto” si queremos obtener un cambio o un “resultado distinto al que normalmente obtenemos”. La pregunta es qué, así que hay que explorar opciones y, sobre todo, los grados e intensidades de las opciones posibles. No es lo mismo decir de repente un NO rotundo, si no lo has hecho nunca, a poner en práctica distintos grados del NO, como “ahora no, pero lo pensaré”, “no lo tengo claro, pero consideraré lo que dices”, “déjame que lo estudie con detenimiento y luego podemos comentarlo de nuevo”, etc… Esto sólo es un ejemplo referido a decir NO o a poner límites, pero no necesariamente es éste el aspecto a trabajar para todas las personas. Puede que, en tu caso, el área de trabajo para ti tenga que ver con otras competencias, como las que tienen que ver con la respuesta a las expectativas (internas y externas) y las responsabilidades (las que eliges o las que asumes sin desear o las que se espera que asumas y te producen lucha interna, etc)… Depende siempre de aquello que en este momento tú sientes que te tiene “atascado” en una situación que suele repetirse.
Te mando un saludo. Gracias por tu comentario. Por cierto, ¿dónde vives? (si se puede saber).
Araceli Déniz